Información libre en países libres

Wikileaks ha vuelto de nuevo a protagonizar portadas y telediarios con la filtración de unos 250.000 documentos pertenecientes a la diplomacia estadounidense. Esta última actuación de Julian Assange  (portavoz del portal de denuncias) se ha conocido como cablegate, y tiene múltiples enfoques desde los que analizarlo. Puede abordarse resaltando el papel de los nuevos actores (no estatales) en el escenario internacional, los desequilibrios de poder existentes entre países, e incluso juzgando la relevancia real de todo este espectáculo.

Desde luego, a pesar de las controversias generadas acerca de si el trabajo de Wikileaks es o no periodismo, los medios de comunicación tienen un nuevo filón, especialmente teniendo en cuenta que hay noticia de una futura noticia, la noticia de la filtración en sí, y luego los pronunciamientos por parte de los actores relevantes y columnistas.

Como vemos, este asunto de “abrir gobiernos” parece muy apetecible para el mundo del periodismo. El principal perjudicado por supuesto es Estados Unidos, y esto le está granjeando un vistoso lastre para desempeñar su papel en las relaciones internacionales. Pero, por ser el único cuyas comunicaciones secretas han visto la luz, no quiere decir que su actuación sea más interesada o irrespetuosa que la de otros países. Simplemente este es el caso que conocemos.

Esta misma situación se da en una perspectiva más amplia con los países democráticos en general, donde se garantiza de manera efectiva la libertad de expresión y de prensa. Las violaciones de derechos pueden tener lugar tanto en países democráticos como en los autoritarios. Sin embargo, en los primeros los medios de comunicación tienen la oportunidad de registrarlo y publicarlo haciéndolo visible a la opinión pública. En el caso de los estados autoritarios los abusos estatales no son denunciados con la misma facilidad, lo que dificulta su conocimiento.

La idea que yace bajo esta exposición es la de que nuestra sociedad mediatizada critica de forma más severa a los países con más libertades, porque aunque se den menos violaciones a los derechos de sus ciudadanos, están más vigilados y controlados por los medios. En palabras de Giovanni Sartori:

La cámara de televisión entra fácil y libremente en los países libres, poco y con precaución en los países peligrosos, y no entra nunca en los países sin libertad, de lo que se deduce que cuanto más tiránico y sanguinario es un régimen, más lo ignora la TV, y por tanto ésta lo absuelve.

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