Así han votado los andaluces

Artículo originalmente publicado el 23 de marzo de 2015 en The Social Science Post.

La primera de diversas citas electorales que aguardan este año a los ciudadanos españoles ha tenido –por fin– lugar. Aunque se trate sólo de unas elecciones autonómicas, este domingo 22 hemos podido dar entidad y magnitud al cambio político que experimenta el país en los últimos episodios de la Gran Depresión. ¿Cuánto ha evolucionado el apoyo a Podemos desde las elecciones europeas? ¿Con qué fuerza cuenta Ciudadanos fuera de Cataluña? ¿Cómo acusan los partidos ya afianzados la resultante transformación del panorama electoral?

Grandes cambios electorales; no tan grandes los parlamentarios

Para comenzar a hablar de estas elecciones podemos fijarnos en los aspectos más básicos de los resultados. El PSOE-A ha sido el partido vencedor en tanto que fue el más votado en Andalucía, de forma que la anomalía histórica de 2012, cuando quedó segundo, es relegada al pasado. Del mismo modo que entonces el partido socialista supo mantener su condición de partido en el gobierno mediante una coalición con IU, en este caso la victoria obtenida parece indicar que se apoyará en apoyos puntuales con otros partidos –todas las miradas están puestas en Ciudadanos aquí.

Como muestra el primer gráfico donde aparecen los porcentajes de voto obtenidos por las diferentes candidaturas este domingo y en las elecciones autonómicas previas, la tendencia más acusada es la del descenso en apoyos que han experimentado todos los partidos que ya contaban con representación parlamentaria (PSOE, PP e IU). De hecho, cuando nos fijamos en el porcentaje del voto válido obtenido por cada candidatura, los dos partidos mayoritarios han cosechado sus peores resultados electorales jamás registrados [1]. En el caso del PP-A su apoyo electoral se desploma desde un máximo histórico de 40 puntos hasta casi dos tercios (26 puntos). Aun así, el partido del candidato Juanma Moreno fue el más votado en Almería, donde empató en escaños con los socialistas. En el resto de las provincias el voto al PSOE-A fue mayoritario.

porcentajes voto andalucia

La entrada de Podemos y la reaparición de Ciudadanos (ya se presentaron a estas elecciones en 2008, si bien se abstuvieron de hacerlo en 2012) se efectúa con un 14.8% del voto para la formación de Teresa Rodríguez y un 9,3% para el partido dirigido por Juan Marín. Las encuestas del Centro Andaluz de Documentación Política y Electoral de Andalucía (CADPEA) mostraban en su encuesta de invierno 2015–publicada en febrero con trabajo de campo del mes anterior– que estos dos partidos junto a UPyD y el PP-A alcanzaban peores resultados en el ring autonómico. Al ser preguntados por su intención de voto, losandaluces muestran mayor intención de participar y mayores tasas de apoyo hacia el PSOE-A, IU y el PA cuando se trata de elecciones al parlamento regional.

La traducción de estos apoyos electorales en escaños se plasma en el siguiente gráfico que acompaña a este texto. A pesar de perder cierto peso electoral, el PSOE-A reedita los resultados parlamentarios de la legislatura anterior. Mientras, el escenario a su alrededor se sacude de manera visible: donde antes había un gran partido y junto a un tercer jugador con pocos escaños pero un peso decisivo, ahora encontramos un segundo partido muy lejano del primer puesto junto a otros tres actores de diverso peso. Izquierda Unida deja de tener poder decisivo en las votaciones parlamentarias, pero la suma de PSOE-A y C’s sí es suficiente para adoptar decisiones con una mayoría absoluta de los parlamentarios.

escaños-2

El inesperado éxito de las encuestas

Election day

No obstante, a pesar de todo lo dicho, desde mi punto de vista estamos obviando a las otras grandes ganadoras de la noche: las encuestas electorales. Como podéis ver en este enlace realicé un seguimiento de todas las encuestas publicadas desde las elecciones previas al final de la campaña electoral. Es cierto que cada encuesta considerada por sí sola suele mostrar sesgos generados por la organización que la conduce, pero la ponderación de las distintas encuestas nos brinda una imagen más robusta del estado de la opinión del electorado. Este ha sido el caso en esta ocasión: simulaciones realizadas con las encuestas de apenas una semana antes de las elecciones han mostrado un grado de acierto difícil de superar. Cuando se combinan las estimaciones del CIS junto a las de las encuestas del último fin de semana de la campaña, el total (ponderado por tamaño muestral de la encuesta) no difiere nunca en más de 1,5 puntos porcentuales respecto del resultado electoral. Si miramos al número de escaños obtenidos encontramos un resultado similar; las estimaciones probabilísiticas de hace una semana ya apuntaban a los resultados de anoche con solo un escaño de margen, o dos en el caso de Podemos. Cabe señalar que estos resultados posibles, todos en esos márgenes de error, no habrían alterado el reparto de poder a efectos prácticos en la cámara delHospital de las Cinco Llagas.

Las encuestas electorales rindieron mal en 2012 a nivel autonómico, dando por descontada una victoria del PP-A que finalmente ocurrió pero no alcanzó la magnitud necesaria para cambiar el gobierno de la Junta de manos. Así, en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo de mayo a nivel nacional los estudios demoscópicos no fueron capaces de registrar el ascenso de formaciones nuevas como Podemos, que apareció de la nada para alcanzar el cuarto puesto en votos de toda España. Había mucha preocupación con la cocina de las encuestas desde entonces. Debido a la incertidumbre creada por la falta de datos históricos comparables con los que poder ponderar el apoyo, la simpatía y la intención directa de voto declarada por los andaluces, se antojaba difícil confiar en las estimaciones de las encuestas–un servidor era bastante escéptico, a pesar de lo que pueda parecer. Sin esta herramienta  de series temporales con las que contrastar las variaciones en niveles de apoyo y cercanía a los partidos políticos, así como el recuerdo de voto, las casas de encuestas han tenido que ofrecer estimaciones con tanteos “a oscuras”.

El mayor desajuste entre la predicción de las encuestas y el resultado final lo hemos visto en los niveles de participación. Frente a una previsión del 69-70%, al final de la jornada electoral solo un 63,94% de los andaluces mayores de edad pasaron por el colegio electoral.

Aserto

En resumidas cuentas, nos adentramos en la novena legislatura del Parlamento de Andalucía en la que el PSOE-A seguirá siendo el partido al gobierno de la Junta, pero compartirá hemiciclo con nuevos actores que irrumpen el panorama político. Es muy importantes para el PSOE presentarse este año electoral como un partido fuerte y con claras opciones de gobierno, lejos del relato del fin del bipartidismo que enarbolan los nuevos partidos. Sin embargo, la relativa fuerza del PSOE puede estar circunscrita al escenario andaluz, y puede que Podemos siga ampliando sus apoyos (como hasta ahora) a tasas más rápidas en el resto de España. En cualquier caso, esta primera toma de contacto con una nueva realidad electoral despeja muchas dudas y muestra un inesperado buen resultado para las estimaciones electorales. Pero el partido acaba de empezar.

_________________________________________________

[1] Cabe apuntar que antes de 1990 Alianza Popular obtuvo unos resultados más bajos en elecciones autonómicas andaluzas, pero nunca el Partido Popular como tal.

Contextualizando el discurso de David Cameron sobre la UE

Publicado originalmente el 29 de enero de 2013 en Politikon.es

Ayer David Cameron dio su esperado discurso acerca de la posición que guarda sobre la relación entre la Unión Europea y el Reino Unido. Aunque pueda parecer que el RU acostumbra a jugar en el escenario europeo con posturas ambiguas o poco favorables a la integración, no se trata de una actitud monolítica, sino que ha evolucionado y tomado distintos matices a lo largo de los años. Ni siquiera podemos relacionar cada partido con una política concreta sobre la UE siendo rigurosos, a excepción del partido independentista de Nigel Farage; y esto puede ayudarnos a entender el contexto actual.

De hecho, en un inicio fue Winston Churchill quien en 1946 proponía la construcción de algo así como los Estados Unidos de Europa. Sin embargo, éste espíritu comunitario empezó a languidecer rápidamente. En el Congreso de la Haya de 1948 se dieron las primeras negociaciones  acerca de cómo materializar el proyecto europeo, y en él vemos un patrón que puede resultar familiar: Francia, Italia y Bélgica abogaban por una unión parlamentaria (federalista), mientras que la postura de los ingleses era más cercana a la colaboración intergubernamental. Finalmente fue esta segunda tesis la adoptada. La tendencia continuó con el rechazo al Plan Pleven de 1950 (mirando hacia la participación en la OTAN), su decisión de no formar parte de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) así como la de no firmar el tratado de Roma en 1957.

Mientras el proyecto europeo tomaba entidad, RU cambió su postura durante del también conservador Harold MacMillan y solicitó el ingreso en la Comunidad Europea en 1961… 1967 y 1973 (las dos últimas ocasiones bajo el gobierno de nuevos Primeros Ministros de los dos partidos mayoritarios). Tres solicitudes fueron necesarias, debido al veto del Presidente francés Charles de Gaulle en los dos primeros intentos. Casi inmediatamente después del acceso inglés a la Comunidad Económica Europea, hubo una renegociación de los términos en que RU participaba en ella, liderada por el laborista Harold Wilson. La idea de David Cameron no es tan original como a simple vista parece; ya se celebró un referéndum en 1975 sobre la pertenencia a la comunidad europea. Aquel fue aprobado con un 67,5% de síes, y una participación del 64%.

Margaret Thatcher continuó con la estrategia re-negociadora, consiguiendo en 1984 el conocido como cheque britanico («We are simply asking to have our money back») por el que se descuentan dos terceras partes de la cantidad en que los pagos del RU a la UE superan las transferencias de la UE al RU, en el cálculo de su aportación presupuestaria. John Major, su sucesor en el cargo, mantuvo una postura un poco más favorable ante Europa, ratificando el Tratado de Maastricht en 1992. Cabe destacar que la votación parlamentaria a tal adhesión no fue sencilla. El propio partido conservador quedó fracturado, y fue precisamente en este momento cuando Nigel Farage decidió emprender su propio camino político fundando el UK Independence Party (UKIP). Tal revuelo pudo marcar la decisión de que el mismo gobierno rehusara participar en la creación del área Schengen pocos años después.

El Primer Ministro Tony Blair fue uno de los más ‘europeístas’ dentro de este muestrario. Durante su mandato, con Gordon Brown como Ministro de Hacienda (Chancellor of the Exchequer) se llevaron a cabo los tests pertinentes para adoptar el euro en RU. Posteriormente, ya como Primer Ministro, ratificó el Tratado de Lisboa, aunque la votación parlamentaria no contó con el apoyo de los miembros conservadores del parlamento.

Con el actual gobierno de coalición entre consevadores y liberales (el anterior gobierno bicolor terminó en 1979), y la preocupante situación económica predominante en Europa, el euro-escepticismo gana terreno de nuevo en la política británica. Y aquí es donde se enmarca el discurso de David Cameron, que intenta poner algo de orden dentro del partido conservador, en el que desde hace varias semanas se oían declaraciones dispares acerca del grado de aceptación o rechazo que profesaban hacia la UE.

Cameron ha presentado en su discurso la propuesta de celebrar un referéndum acerca de la permanencia o no del RU en la unión. Lo más peculiar, es que sugiere como fecha tope para su celebración el año 2017.  Además, otra idea presente en el discurso es la de convertir la participación del RU en la UE en una “integración a la carta”. Con la amenaza de la salida, Cameron pretende negociar la sujeción del país a las normas europeas (regulación laboral no, mercado único sí). A veces parece preocupante ver lo útil que resulta el enfoque de la teoría de juegos en las negociaciones europeas.

Parece plausible que Cameron plantea la estrategia del referéndum basándose antes en criterios electorales que en elementos de política internacional. En el acuerdo de gobierno adoptado por los dos partidos en la coalición se hablaba de mantener el statu quo y rechazar una mayor integración, en cualquier ámbito. Esa fue la postura expresada con el rechazo al Tratado de Estabilidad Fiscal en marzo del año pasado, por ejemplo. ¿Por qué abandonar esa posición para enfatizar el euro-escepticismo? Bueno, aquí tanto las últimas elecciones al Parlamento Europeo (mirad bien cuál fue el segundo partido en votos) como la intención de voto para el RU pueden arrojar algo de luz.

Intención de voto en Gran Bretaña desde el 13 de mayo de 2010 (últimas elecciones generales) hasta el 7 de enero de 2013. Click sobre la imagen para agrandar.

Los tories tienen al UKIP como una importante amenaza electoral. Es por eso que el plan a seguir parece ser el de competir con ellos en una dimensión europea o soberanista (continuum desde integración en un Estado federal hasta tener tanto que ver con Bruselas como Nueva Zelanda), aunque la distancia entre la postura de ambos partidos sigue siendo visible.Ésta táctica cuenta con otra potencial ventaja para el partido conservador: evitar que el tema principal para las elecciones de 2015 sea la situación económica. Probablemente sería muy ventajoso para el ellos que esto ocurriera, pero las encuestas señalan que la UE no es uno de los temas que más preocupa a los británicos (y cada vez menos).

Por tanto, no nos encontramos ante un escenario político nuevo; más bien al contrario. La relación entre el RU y el proyecto europeo en sus diferentes etapas ha sido siempre inestable, y ya se ha pasado por la posibilidad de abandonar la comunidad o de someter la participación a referéndum. Queda por ver qué relevancia jugarán la situación económica y el UKIP para conocer el desenlace de la última apuesta política de Cameron.